Minificciones de Louis Fredricks

Oda
Él lloró por la belleza de la cebolla.
Amistad
Los mejores amigos de mi vida no pueden hablar, pero siempre están.
Fe
A veces, Dios no me sirve bien.
Carpe diem
El estudiante tiene diecisiete años. Algunos días se siente como un hombre viejo. Cada año algún conocido se murió: un amigo, un compañero de clase, una persona joven. Ha asistido a tantos funerales que está listo para un futuro adverso. Yo soy ése estudiante.
Cárcel de amor
Los amantes comparten todo. El éxito de uno es también el del otro. El hombre no puede imaginarse viviendo sin ella. Todos cambian y la vida cambia. No pasó nada, pero ella ya no lo ama. Él se siente solo y loco. Vivirá, aunque no quiera.
El rey afortunado
Él se despertó de madrugada como siempre. Su cama era gigante con sábanas de seda y almohadas como nubes. Quería quedarse allí todo el día; en eso estaba cuando dos soldados acorazados entraron a su cuarto. Le dijeron que la población estaba tratando de entrar al castillo y derrocarlo. Se dio cuenta de que él era el rey de un país desconocido.
Se vistió rápidamente. Tenía miedo y estaba temblando. Las puertas del castillo estaban cerradas con postigos, pero la gente continuaba destruyendo la entrada. Eventualmente, las puertas cayeron y parecía una avalancha de personas enojadas. El rey fue arrestado y condenado a la pena de muerte.
Cuando empezó a subir al cadalso, pensaba en su corta vida de doce años: en lo que no había hecho; en el padre que no había conocido; en qué pasaría con su madre; y en cuál sería el motivo por el que lo estaban ejecutando.
Unos momentos antes de su ejecución, el niño cerró el libro, cuyo título era La Historia de Inglaterra. El estaba en su cuarto leyendo.
Madurez
Desde que tenía cuatro años, yo deseaba ayudar a todas las personas en mi vida. Soy un mediador. En la escuela secundaria, conocí a unos amigos que tenían problemas. Mis padres me dijeron que debería tener amigos con un futuro prometedor. Decidí no escucharlos.
Los amigos de quienes voy a escribir son Andrés, Guillermo y César. Yo sabía que su influencia no era lo mejor en mi vida, pero pensaba que podía ayudarles a gozar de una vida exitosa. Lo que no sabía es que no había salida para ellos. Como siempre, mis padres tuvieron la razón.
Andrés era mi amigo desde los tres años. Me asustaba la casa de su abuela, hasta que un día ella me preparó un postre y logré vencer mi temor. Andrés y yo disfrutamos juntos la infancia. Años después él se volvió un heroinómano y ya no puedo llamarlo, porque no sé ni dónde está, ni si ha cambiado. Me abandonó.
Conocí a Guillermo en la escuela. Jugábamos con su coche de control remoto en el jardín de su casa. Cuando él tenía 15 ó 16 años, con tres de sus amigos, robaron el coche de una anciana y se estrellaron contra un árbol a 80 millas por hora. Todos se murieron. Me abandonó.
A los 14 años, me pasé el verano con mi amigo César. Por la mañana, montaba mi bicicleta y me iba a su casa a disparar su pistola de diábolos en el garaje. Éramos como uña y mugre. Hace tres años lo arrestaron por delitos graves. Él también me abandonó.
Más tarde entendí que no soy capaz de transformar la vida de los demás. Hoy día, vivo con cuidado para que nadie me abandone nunca. Tengo la oportunidad de cambiar mi vida y no puedo ocuparme de los problemas de los otros.

