Minificciones de Jolene Rodríguez
Mi gente
Con ese beso, un mundo atormentado pudo respirar.
Mis pasos
Aunque deje mis huellas sobre la tierra, la nieve las ocultará.
Muchedumbre
Ese día, también, el hombre blanco y arrugado trajo otra botella. Como siempre, la abrió y la echó gota a gota en el mar. El hombre, un poco más viejo, se fue y las olas siguieron su camino hacia la orilla… sin parar.
Unos caen
No siempre es fácil. Avanzamos, a veces, penosamente. Seguimos escalando esta montaña. Y sabemos que cada día es un paso más. Cuando caemos, vemos la desesperanza de la situación, y a pesar de eso, nos ayudamos unos a otros para seguir. Unos caen sin parar, pero la esperanza nos sostiene cuando la fuerza falla. La gente y su meta casi incansable, dan sentido a la vida. Tenazmente siguen, y algún día llegarán al cielo.
El hombre de los sueños que nunca tuve
Me gustaba escribir de ti en mis diarios de niña. Me entiendes, me corriges, me amas. Cuando dejo que mis emociones me controlen y me enojo ciegamente, me perdonas. Cuando dejo que el mundo me pese y me pongo triste, tú me haces reír. Si me preocupo por el trabajo, con ternura me calmas. Si me duele algo, tú me curas. Me dices que quieres empezar y terminar cada día conmigo. Tienes el poder de cuidarme o quebrarme. Y te amo, porque me entiendes, me corriges y me amas.
Yo dicto mi felicidad
Se llamaba Florentino. Era un hombre joven y rico. Su padre había fallecido hacía poco tiempo, dejándole una fortuna. El muchacho estaba deprimido y no sabía qué hacer con tanto dinero. Decidió consultar con el sacerdote, como su padre siempre lo había hecho cuando tenía preguntas sobre qué hacer. Florentino fue a ver al padre. El le dijo que sería bueno que viajara para distraerse y reconectarse con Dios. Sobre el dinero, le dijo:
―Úsalo sólo para el bien, nunca para el mal. Siempre ayuda a los necesitados y da a Dios lo que le pertenece.
Florentino siguió el consejo del sacerdote y viajó a las partes más exóticas del mundo. Primero Roma, luego Paris y Londres. Siguió con Río de Janeiro, Hong Kong, Madrid y Alejandría. Poco a poco, empezó a ver un patrón. A cada lugar que iba, se encontraba con un hombre. Era un hombre pobre, con sólo unas pocas garras para cubrirse. Este hombre nunca tenía comida, ni dinero; casi siempre tenía una familia. Era muy humilde y tenía muchos amigos con quien compartía todo lo que conseguía. Florentino estaba muy interesado en este hombre. Se acordó de las palabras del sacerdote y empezó a ayudarlo, y a su familia y a sus amigos, también.
A cualquier lugar que llegaba, buscaba primero al hombre, antes incluso de encontrar su alojamiento.
Después de sus viajes, Florentino mantuvo contacto con el hombre. Por fin estableció una fundación para dar ayuda al Hombre de todas partes. Gastó toda la fortuna en este hombre siguiendo el consejo del sacerdote y cuando murió, Florentino pensó que su trabajo en la vida había valido la pena; que lo hecho, había estado bien a los ojos de su padre.
Florentino Mariano López Mares nació el 3 de marzo de 1887 y falleció el 16 de abril del año en curso. El Señor López dedicó su vida a ayudar a los pobres. La única familia que le sobrevive es la de aquellos a quienes brindó ayuda.
Favor de no enviar flores.
La Fundación del Hombre de todas partes lamenta el sensible fallecimiento de su fundador y amigo el Señor Florentino Mariano López Mares. Descanse en paz. MCMIL
La Organización Mundial de la Salud se une a la pena que embarga a los amigos del distinguido Sr. Florentino Mariano López Mares, quien falleciera el 16 de abril. Expresamos nuestro más sentido pésame.

